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Día Internacional de los Museos

¡ESTE AÑO LAS OBRAS DE ARTE A CONSERVAR SON LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS!

Os contamos dos duras experiencias personales como ejemplo de los devastadores efectos laborales de la covid19

Aunque este año cualquier celebración que hagamos en el ámbito cultural debe tener presente en primer lugar a todos los que han sufrido los terribles efectos de la pandemia del coronavirus, queríamos aprovechar la celebración del Día Internacional de los Museos para poner de manifiesto las devastadoras consecuencias que el cierre de los mismos, así como la apertura gradual y con muchas restricciones que se prevé, está teniendo no tanto en los trabajadores públicos o privados de las plantillas de los museos (y que reclamamos se mantengan en sus puestos de trabajo y con las mismas condiciones laborales), sino en todos aquellos que trabajan, fundamentalmente en el campo de la difusión (mediadores, guías, educadores, interpretes, etc.), de forma externa y habitualmente en unas condiciones de gran precariedad, la cual se ha agravado enormemente con el estado de alarma al quedar excluidos en su mayoría de las ayudas arbitradas por el gobierno para el sector.

A todos esos trabajadores invisibles, muchos de ellos historiadores/as del arte, queremos dedicar este Día Internacional de los Museos y, en representación de ellos, a estas dos socias de Aproha cuyas experiencias personales ilustran en toda su crudeza los estragos producidos por el coronavirus en los museos.

EXPERIENCIA EN MUSEOS NACIONALES

Yo trabajaba en dos de los museos estatales más importantes de Madrid como guía intérprete de patrimonio. Trabajaba por cuenta propia para diferentes agencias, empresas y asociaciones culturales sin contrato y a demanda, ya que es la práctica habitual en museos tan grandes y con tanta afluencia de público: cinco millones de turistas aproximadamente los visitaron el año pasado. Ahora me he quedado sin trabajo y sin prestación ya que no soy autónoma. Mi caso puede parecer especial pero somos muchas las personas historiadoras del arte que no facturamos lo suficiente para ser autónomas y hacer frente a los gastos que esto supone con las visitas que cubrimos en los museos. Por tanto, compaginamos diferentes actividades para realizar nuestra actividad profesional (talleres de arte, clases, visitas guiadas etc.) sin embargo, la inestabilidad por meses o temporadas, también de estas actividades, hace que no sea viable entrar en régimen de autónomos. La pandemia de la covid19 nos ha obligado a dejar de trabajar y sin cobertura social o prestación alguna.
No sé si el ministro de cultura habrá tenido en cuenta a las personas que no tenemos contrato con los museos aunque realizamos la labor de difusión de sus colecciones, tan importante para ellos, y que precisamente, porque ellos no nos contratan, tenemos que realizarla por nuestra cuenta. Las historiadoras/es del arte realizamos las visitas guiadas con grupos híper-reducidos de adultos (máximo 7 personas) siguiendo la normativa de cada uno de los museos, llevamos a cabo la labor que cada museo no realiza, ya que se centran únicamente en visitas a escolares y de protocolo. También se da la circunstancia de que en alguno de estos museos estatales tengan personal que trabaja para ellos en régimen de autónomos, a pesar de que son su único pagador. Es la manera en la que solventan el hecho de tener puestos vacantes que no se ofertan públicamente. En otros casos, contratan a personas a través de bolsas de empleo como mediadoras o «monitoras» que suponen una menor remuneración y el caso de algún otro museo dedicado a colecciones arqueológicas es peor, ya que utilizan la figura del voluntario cultural para realizar las tareas de difusión y educación, algo que me parece lamentable. Todavía hay un escalón más en esta situación de total precariedad que es solicitar a historiadores/as del arte para trabajar en el sector servicios o atención al público de algunos museos para desarrollar la labor de venta en tienda, vigilancia de salas, información o ropero, algo que a todas luces dista mucho de a lo que debe dedicarse un/a profesional de la historia del arte. Todo esto ocurre en uno de los ejes más emblemáticos de Madrid, donde la concentración de museos es única y por ello se está trabajando en su candidatura como Patrimonio Mundial de UNESCO.
Como posibles soluciones a nuestras situaciones de precariedad sería un primer paso tener un régimen de autónomos diferente, adaptado a nuestras circunstancias para que pudiésemos realizar nuestra labor profesional, aunque lo que definitivamente nos salvaría de la situación de precariedad sería que los museos tuviesen un régimen de contratación amplio, como ocurre en otros países como Francia, Alemania y sobre todo Reino Unido, donde no paran de contratar constantemente a gente para sus departamentos.

EXPERIENCIA EN UN MUSEO PRIVADO LOCAL

En mi caso, trabajaba en un museo privado en la ciudad de Granada. La semana antes de la declaración del estado de alarma se me propuso una modificación del contrato reduciéndose considerablemente la jornada laboral pero no las funciones y responsabilidades con el fin de adaptarse a la nueva situación que se avecinaba. Este hecho implicó que decidiera no continuar trabajando con ellos ya que el contrato resultante me era totalmente insuficiente para poder llevar un nivel de vida mínimo y básico. Debido a la categoría profesional del contrato no pudo tramitarse como despido, si no como un despido voluntario al no aceptar las reducciones salariales y horas de trabajo que se me estaban ofreciendo. Mi categoría laboral era de Taquillera pero curiosamente realizaba todo tipo de tareas que se realizan en un museo, desde su difusión a pie de calle o a través de nuevas tecnologías, como sus visitas guiadas tanto individuales como escolares, su control climático y tareas administrativas y preventivas de conservación. Me parece interesante añadir mi experiencia como un ejemplo más de la vulnerabilidad de nuestro sector, la reducida admiración y poco respeto profesional hacia nuestra tarea y como está valorada. Con esta realidad me veo actualmente en situación de desempleo, sin opción a ninguna prestación o ayuda. Finalmente me gustaría agradeceros la labor que estáis llevando a cabo y espero que podamos seguir avanzando en nuestros objetivos.

Agradecemos enormemente a nuestras dos socias por mostrarnos la realidad laboral que sufren los historiadores e historiadoras del arte en los museos.

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